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Tendencia al exceso de amor propio

Septiembre 30, 2015 por Carlos García

Tendencia al exceso de amor propio

Tendencia al exceso de amor propio

Continuando con la sabiduría de Charlie Munger, traduje y adapté una de sus conferencias sobre el “exceso de amor propio”.

Se observa comúnmente el exceso de amor propio que tenemos las personas. Esta tendencia lleva a calificarnos en el nivel superior de todo. Por ejemplo: el 90% de los conductores juzgan conducir mejor que el promedio. Esta calificación equivocada también se transfiere a las posesiones personales. Los esposos usualmente se sobrevaloran mutuamente. Igualmente, con los hijos pensamos que son superiores a los otros niños. Incluso las pequeñas posesiones son sobrevaloradas. Hay un nombre en psicología para la tendencia a sobrevalorar. Este fenómeno es “el efecto legado”.

El exceso de amor propio típicamente es causa para preferir personas parecidas a nosotros mismos. Los profesores de psicología se han divertido mucho demostrando este efecto con el experimento de “la billetera perdida”. Los resultados muestran que quien encuentra la billetera la devolverá con mayor probabilidad si el dueño de la billetera se parece a él. Dado este atributo de nuestra psicología, los grupos exclusivos de personas similares siempre tendrán un rol de gran influencia en la cultura humana.

Sin embargo, algunas de las peores consecuencias en la vida moderna vienen cuando grupos disfuncionales de personas similares con exceso de amor propio seleccionan como nuevos miembros de sus organizaciones a personas similares a ellas. Por ejemplo:si el grupo directivo de una entidad financiera entra en un comportamiento de fraude recurrente, el problema tenderá a volverse peor y a hacerse resistente al cambio. (Viene a mi cabeza el caso de Interbolsa)

En consecuencia, naturalmente, todas las formas de exceso de amor propio son causa de error. ¿Como podría ser de otra forma?

Veamos otro ejemplo:

Las loterías venden bastantes más tiquetes cuando los números son escogidos por los jugadores que cuando los números son distribuidos aleatoriamente. Esto es irracional: la probabilidad, muy baja por cierto, es la misma en ambos casos. Las empresas de lotería, conscientes del “efecto legado”, aprovechan el amor de las personas a escoger sus propios números. En cualquier caso comprar lotería es ingenuo.

Para intensificar el amor del hombre a sus propias conclusiones, solo falta adicionar el golpe del “efecto legado”.

Hay un famoso pasaje en Tolstoy que ilumina el poder que tiene el exceso de amor propio. Dice Tolstoy: "Los peores criminales no se consideran 'tan malos'. Ellos llegan a creer una de dos cosas: (1) Que nunca cometieron los crímenes que se les endilgan. (2) Que considerando las presiones y desventajas de sus vidas, es entendible y perdonable que se comportaran como lo hicieron y se convirtieran en lo que se convirtieron".

La segunda parte del argumento de Tolstoy, en el que el criminal excusa su comportamiento y desempeño, en lugar de entregar la corrección; es tremendamente importante. La mayoría de la humanidad intenta arreglárselas con tantas excusas inaceptables de comportamiento y desempeño, en vez de mejorarlos y corregirlos. Es necesario tener antídotos que limiten este nivel de estupidez.

En lo personal, se deben tener en cuenta dos simples hechos:

  1. El mal desempeño sin solucionar es falta de carácter y tiende a crear más del mismo mal. El daño a la persona que se mantiene en las excusas se magnifica en cada instancia tolerada.
  2. En empresas demandantes o en equipos de alto rendimiento, quien se mantiene en las excusas en vez de comportarse como debería, probablemente será desechado.

En lo institucional, los antídotos son dos:

  1. Un sistema meritocrático acompañado de una cultura de competencia
  2. Separar a los peores infractores

El mejor antídoto a la irracionalidad por exceso de amor propio está en esforzarse parar ser lo más objetivo sobre uno mismo, su familia, sus amigos, sus propiedades y el valor de sus actividades pasadas y futuras. Esto no es fácil y no funcionará perfectamente, pero será mucho mejor que dejar a la naturaleza psicológica tomar su curso normal.

Antes de terminar, mientras un exceso de amor propio es usualmente contraproducente en sus efectos cognitivos, puede causar éxitos casuales producto de la sobreconfianza en uno mismo. Aeste factor le pega el adagio: “Nunca subestime al hombre que se sobreestima así mismo”.

Algún grado de amor propio es correcto y es mejor que la “falsa humildad”. Es más, el amor propio en forma de orgullo justificado en un trabajo bien hecho, o una vida bien vivida: es una fuerza constructiva muy importante. Este orgullo es importante. Por eso no es buena idea interpretar la parábola de la Biblia entre el fariseo y el publicano como condena a todo nivel de “orgullo”:

“A unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: "Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, diezmo de todo lo que gano". Pero el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "Dios, sé propicio a mí, pecador". Os digo que este descendió a su casa justificado[i] antes que el otro, porque cualquiera que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.” Lucas, 18 9-14

Para cerrar, de todas las formas de orgullo beneficioso, tal vez la más deseable es el orgullo justificado de ser una persona confiable. El hombre confiable, incluso después de conocer los inconvenientes de su decisión, tendrá una vida mejor que si hubiera sido menos fiable.

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